miércoles, 27 de diciembre de 2017

Rose

Las pisadas sobre la nieve y ceniza, hacían el ruido suficiente como para que en la carrera, nuestros sentidos estuviesen siempre alerta. En un primer momento, pensé que a buen ritmo, llegaríamos en una hora mas o menos hasta la casa donde me había refugiado anteriormente con el grupo, o eso aseguraba Clark, quien parecía conocer aquel sitio bastante mejor que yo. Sin embargo, conforme avanzábamos, los problemas empezaron a acecharnos. 

El hombre me puso una mano en el hombro sano, deteniendo el trote. -¿Qué pasa?- pregunté en la voz más baja que pude. Él no contestó. No hacía falta. Estábamos siendo perseguidos por los Aulladores. Sus gruñidos, sus aullidos guturales, se hacían eco cada vez más cerca de nosotros. Se podían oír desde todas direcciones. Si bien pensábamos que podríamos haberlos dejado atrás, nos equivocamos estrepitosamente. -Mierda... Mierda- temblé -¿Qué hacemos?- Clark fue rápido pensando. Tras una ojeada acelerada a nuestro al rededor, señaló a un vehículo abandonado en mitad de una carretera. -¿Un coche? ¿Estás loco?- recordó que el estar quietos y no hacer ni un ruido, sería más que suficiente. Regresar en nuestros pasos y buscar una casa mas o menos estable y que no se cayera sobre nuestras espaldas nada más pisarla, sería un suicidio. En eso tenía razón y yo no era quien para discutirle. 

Corrimos hasta aquel coche, que antaño debió ser de un azul brillante y precioso. Clark consiguió abrir una de las puertas sin ningún tipo de esfuerzo. Nos adentramos en la parte trasera, mientras que Juvia, aquella amigable perrita, se acomodó en la delantera. Uno de los cristales de las ventanas, cedió al cerrar, lo que atrajo a los Aulladores a nuestro punto exacto. Agachamos nuestras cabezas, intentando que no fuésemos perceptibles de ninguna de las maneras. Y por último, guardamos silencio. Mi aliento estaba tan entrecortado, que ni si quiera se me podía oír respirar.  Les oímos llegar. Por la dirección en la que sonaban sus gruñidos, diría que nos habían rodeado y ahora nos buscaban agudizando por completo sus oídos. Uno de ellos, llegó a subirse sobre el coche, momento en el que sentí que el corazón me iba a reventar de la inquietud. Quizá lo hubiese hecho, de no ser porque Clark se topó con algo sobre la esterilla del coche, un aparato electrónico, o como Adam los había llamado una vez, teléfono móvil. Lo lanzó desde el interior hacia la ventanilla destrozada, de manera que impacto a unos metros contra el suelo. Al instante, todas las fieras que nos rodeaban se fueron corriendo en direción al teléfono, dejándonos solos a plena oscuridad nocturna. 

-Ese cacharro... por una vez en mi vida le encuentro utilidad- murmuré, recobrando el aliento y acomodándome en el asiento. Clark hizo lo mismo. Se recomponía de igual forma. Ambos habíamos mantenido demasiada tensión en un solo instante. -¿Crees que no volverán?- El hombre suspiró. Era difícil saberlo, de forma que lo mejor era no hacer ruido y punto. -Pero tengo que ir a buscar a mi grupo...- admití. El chico se giró y me contempló estupefacto. Si iba, posiblemente moriría. Guardé silencio y me crucé de brazos. Al rato, asentí. -Es cierto...- miré por la ventanilla. Casi no podía distinguir los árboles en el camino ni el asfalto sobre el suelo húmedo. La oscuridad era demasiado grande en aquella noche que poco tardaría en acabar. -Gracias, Clark- musité -Por ayudarme- añadí -Es muy raro encontrar a alguien que ofrece ayuda desinteresada. Me alegra que seas así- Quizá mi comentario sonó demasiado estúpido e infantil, porque provoqué una sonrisa en él -Lo digo porque he conocido a poca gente así, y bueno... Se supone que antes el mundo contaba con más ayuda desinteresada... Yo no lo recuerdo- El chico preguntó mi edad mientras se recostaba sobre el asiento más cómodamente -Tengo veinticuatro años... los mismos años que cumple el mundo en este estado. Nací en el mes en el que todo se volvió del revés, o eso me contó mi padre- expliqué -No tengo recuerdos de nada bonito, nada... tal y como lo cuenta la gente mayor que yo. Encontrarme con gente que aun guarda los valores de aquella época, me hace sentir que puedo llegar a conocerla un poco... Algo así como volver atrás- confesé. Tras ello, guardé silencio. Me dio la sensación de que había sonado aun más estúpida -Lo siento, no te quiero aburrir con eso- sonreí -A veces charlo demasiado y digo cosas sin sentido. Ya me lo han avisado- Me rasqué la nuca. No sabía como excusarme ni mucho menos qué más decir para acabar con aquel silencio tan incómodo. -¿Hacia donde ibas?- pregunté, lanzando una mirada más detenida al interior del vehículo. Clark explicó que no seguía ningún camino claro. Buscaba recursos para llevar a una ciudad llamada Faro, cuando me encontró vagando por la arboleda. -Vaya... siento haberte detenido- me disculpé -¿Tienes un grupo allí?- El negó. No se trataba de un grupo. Lo que allí tenía era todo un asentamiento de gente que había decidido echar raíces y subsistir. Él solo les estaba ayudado. -¿Hay un sitio así cerca? Oh, Dios mío...- los ojos me brillaron. Estaba maravillada. Hacía un par de años desde que encontré el último asentamiento que pude ver. Los supervivientes, por lo general, habíamos acostumbrado a vagar. El descontrol hacía que los grupos fuesen pequeños e insuficientes como para asentarse. Encontrar a un grupo grande que lo había conseguido era... impresionante. Por desgracia, Adam no quiso unirse a aquel último en el que dormimos un par de días. Si no... -¿Tenéis comida y agua? ¿Pasáis frío?- Clark suspiró. Aseguró que realmente, subsistían a duras penar. Aunque formaban un buen asentamiento, no todo les iba bien. -Vaya... lo siento. Quizás, cuando nos encontremos, podríamos ir si aceptáis gente. No podríamos quedarnos porque somos un grupo errante, pero podríamos ayudar unos días. La otra chica del grupo cocina de maravilla con cualquier cosa que encuentre, y Adam es un gran tirador-  alardeé con ilusión. Ilusión que desapareció al instante en cuanto recordé a los demás. Aquel cambio de sentimientos fue percibido por Clark, quien no dudó en preguntar. -Es que... estoy preocupada. Nos asaltaron unos hombres, una banda organizada. No pude ver sus caras, no se quienes son. Yo pude escapar, pero justo antes de hacerlo, oí un disparo y luego caí. No se que habrá pasado- expliqué -Si les ha pasado algo... No soy nada sin ellos- Tras decir aquello, se instauró un nuevo silencio que incluso Juvia respetó. Estábamos cansados. Yo necesitaba dormir desesperadamente, pero la preocupación y la inseguridad, sumados a la ligera desconfianza ante un desconocido, empezaban a hacer mella en mí. -Por cierto, me llamo Rose. Rose Walker- le sonreí. Allí, en el interior de aquel coche, poco que hacer quedaba ya.

No hay comentarios:

Publicar un comentario